Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Por que de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. — Marcos 4:26-29
Durante casi 40 años, un hombre en la India ha trabajado para dar vida a un páramo arenoso. Al ver cómo la erosión y los cambios en los ecosistemas habían destruido la isla fluvial que amaba, comenzó a plantar un árbol tras otro: bambú y algodón.
Ahora, bosques frondosos y una abundante fauna ocupan más de 500 hectáreas. Sin embargo, el hombre insiste en que él no provocó ese renacimiento, sino que lo atribuye a la forma maravillosa en que está diseñada la naturaleza, cuyos vientos llevan las semillas a terrenos fértiles. Las aves y los animales también participan en la siembra, y los ríos ayudan a que las plantas y los árboles crezcan.
La creación obra de maneras que no podemos comprender ni controlar.
Según Jesús, este mismo principio se aplica al reino de Dios: «Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; […] la semilla brota y crece sin que él sepa cómo» (Mateo 4:26-27).
Dios es quien trae vida al mundo. Nosotros hacemos lo que Él nos pide, y luego, vemos surgir la vida. Todo fluye por su gracia.
Creer que podemos cambiar el corazón y que nuestros fieles esfuerzos aseguran resultados podría colocarnos bajo una presión agotadora, pero Dios es quien hace crecer todas nuestras semillas; es todo por gracia.
No te canses de sembrar la semilla de la palabra de Dios en la vida de las personas.
así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. — Isaías 55:11
Dios te bendiga, y que pases un hermoso día, recuerda aprovechar y compartir de su amor.
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